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LA SEGUNDA MUERTE DE SAN MARTIN

pesebreAyer, en Boulogne-Sur-Mer. Exilio forzoso. Dejaba en su herencia su sable corvo al Restaurador.
Hoy, al ver que las divisiones continúan, que la fragmentación es alentada por propios y extraños, otra vez San Martín en el exilio.
Este 17 de agosto debemos anunciar la segunda muerte de San Martín.
De sus ilusiones, de su sentido patrio, de su concepto de soberanía y libertad.
Ya no intentará regresar, porque sabe que sus herederos no lo escucharon, y Don José Francisco teme que “…el serás lo que debas ser o si no, no serás nada…” tenga plena vigencia.
Giachino fue el segundo Cabral, con la diferencia que a Pedro no le hicieron ni reverencias. El Chile liberado fue base para el ataque artero del pirata, mientras el Perú cumplía con su Protector, porque Malvinas también era su causa.
Ya no hay un Juan Manuel para recibir su sable. Ya no hay ni Restaurador ni leyes.
Don José Francisco sabrá que la herencia del sable fue acertada, y que después, mucho tiempo después, en su centenario, otro General, igual que él, del Pueblo y de la Nación, cerraría para siempre la trilogía nacional.
Este 17 de agosto el Padre de la Patria vuelve a morir, por nuestra propia culpa, por la conjura de los de afuera.
Ya no habrá cruce de los Andes, y lo que es peor, nuestras fronteras peligran.
Y si fuera cierto aquello de pelear en pelotas como nuestros hermanos los indios, nos quedaría un hito de ilusiones. ¿Será, don José Francisco?
Ahí está, el Yapeyu natal, regando con sangre correntina Puerto Argentino.
Hace poco, en la muerte continua de la Patria, pasó desapercibida la Reconquista de Buenos Aires.
En este paso a la inmortalidad de San Martín, los centros comerciales seguirán haciendo dinero, los trabajadores de comercio, obligados a seguir vendiendo, porque hoy lo que importa es lo que San Martín desechó. Hoy la codicia y el oro compran voluntades. Hoy es más importante tener que ser.
Pero a lo mejor vuelven los mil colorados del monte, o aquella heroica resistencia de dieciocho años. ¿Por qué no imaginar que el sueño del Libertador es posible? ¿Por qué no creer en un cambio de nuestra sociedad? ¿Por qué no suponer una comunidad organizada con democracia participativa?
Y copiando del ilustre la ilusión de ser y la utopía de la liberación, gritemos todos: ¡la Patria existe, la Patria vive, la Patria triunfará!
José Francisco, Juan Manuel y Juan Domingo esperan nuestra batalla final. Ojalá la sepamos dar.
MIGUEL ANGEL DE RENZIS

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