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NOVENTA AÑOS DESPUES

El 7 de mayo de 1919 nacía en Los Toldos alguien que perduraría en los tiempos y se transformaría en la Jefa Espiritual de la Nación. Se crió con los coletazos de la primera guerra mundial y en vísperas de la segunda. Conoció la necesidad personal y el desprecio de una sociedad que no aceptaba una hija natural.
Pero como en los cuentos de hada, un día, en el Luna Park, se cruzaron los destinos. Ahí estaba él, majestuoso, coronel de la Nación, de mirada penetrante y de sonrisa fácil.
Y ella. Figura frágil y mujer hermosa. Llena de ganas de aprender, y con gran voluntad para el trabajo social. La desgracia de un terremoto en San Juan produciría esta fusión maravillosa.
Fue instantáneo: la hermosa mujer impactó en el viudo. Pero además, sin saberlo, se estaba engendrando la máxima revolución del siglo XX.
El fenómeno de las masas todavía no había ocurrido, pero aquel 17 la tendría como protagonista.
Surgían de todas partes. Eran el subsuelo de la Patria sublevada, diría Scalabrini Ortiz. Llegaban de las fábricas textiles de Martelli, de los talleres metalúrgicos de Avellaneda, de los frigoríficos de Berisso. Eran ferroviarios de todas partes. Eran los cabecitas que iban a lavar sus patas en la fuente.
Era el lumpen, la chusma, los desarraigados, los abandonados por las clases patronales, los engañados del fraude patriótico de los partidos políticos. Pero también estaban las mujeres. Y entre ellas, María Eva Duarte. Todo se daba para que empezara a ser EVITA.
Él, el conductor revolucionario. Ella, el dínamo, la polea de la revolución. Como en los cuentos de hadas, todo duraría poco, demasiado poco. Pero fue tan abundante la majestuosidad de la obra, que aun hoy repercute a pesar de la negación de historiadores, escritores y periodistas.
María Eva cumpliría 90 años. En realidad, los cumple. Porque está viva. Pero nosotros la matamos en cada necesidad, en cada chico de la calle, en cada joven perdido en el paco, en cada funcionario que corrompe con su egoísmo y que llena de bochorno la causa justa. Su bandera se agiganta en la injusticia. Pero hoy no le podemos decir feliz cumpleaños. Ella no puede estar feliz.
Reunidos para siempre con el insigne general, y llamados al sitial de los inmortales, verán sin entender lo que hemos hecho el pueblo argentino.
Verán la sangre resistente derramada y negociada. Observarán las codicias y las peleas por los cargos. Y el dolor será mayor cuando observa que todo se hace con nuestros símbolos y con nuestras canciones.
Evita, te imploramos tu perdón. No sabemos lo que hacemos. Pero te pedimos que no abandones al pueblo argentino, que vuelvas siendo millones, que nos remarques nuevamente en estos tiempos que ser peronista no es un derecho, sino una obligación.
De estos 90 años, solamente 33, y de los 33, apenas un ratito.
Ya no hay ramilletes de nomeolvides, ni velas encendidas en las esquinas. Pero te tienen prisionera en la Recoleta, el único lugar que jamás habrías elegido. Los mezquinos y los pigmeos secuestraron a Perón en San Vicente. Y a vos, en Recoleta. Sin darse cuenta que son una alianza indisoluble, que son la misma fuerza cósmica del Movimiento y la Revolución Nacional.
Cuando los niños vuelvan a sonreír, cuando los ancianos tengan sus derechos, cuando cada quien produzca al menos lo que consume, podremos decirte los argentinos: ¡Feliz Cumpleaños!
Perdón, Evita por todo lo que no hacemos.

MIGUEL ANGEL DE RENZIS




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