Aquel 26 de julio de 1952 el cielo lloraba copiosamente. Se había ido la Abanderada de los Humildes. En ese instante no nos dimos cuenta. Evita no había muerto, sino que daba los primeros pasos a la inmortalidad. Vivió apenas 33 años y a 57 de su paso a la inmortalidad los que la conocimos la recordamos con veneración, y los que no, la asumen como bandera de liberación. |